Jugó de 8 para hacerle lugar a Dátolo, de 5 para darle descanso a Battaglia, de doble 5 con el mismo Seba o de volante por izquierda cuando se sumó Ledesma. Empezó raspando como loco y ahora, sin dejar de ir al piso cuando es necesario, mete esos quites limpios pasando las piernas por lugares imposibles. Fue socio de Román y ahora le alcanza la pelota a Gracián. Es capaz de meter una asistencia fría en la zona donde las ideas se calientan (pase a Gracián en el 2-2 vs. Colo Colo) o de trazar una línea imaginaria entre la mitad de la cancha y el área, y que la pelota siga ese recorrido hasta encontrarse con Palacio (el domingo, en Bahía). ¿Que le falta el gol? Es cierto, le falta. Pero anda cerca. Los últimos dos partidos lo encontraron cerquita de los arqueros. Ya va a llegar, quizá cuando se saque de la cabeza que hace tres años que no grita. Y entonces sólo le faltará calzarse los guantes.
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